El Mercado Mayor de Coche
El Mercado Mayor de Coche, una ruina viviente en el sur de la capital venezolana.
En la entrada debería ir colgado aquel famoso “Abandonad toda esperanza”,
aunque sería algo muy cruel estos días, pues las personas van cargadas de mucha
esperanza y poco dinero en efectivo, necesario para poder comprar los vegetales
a precios hasta tres veces más económicos que en los supermercados. Nos es
aconsejable ir solo las primeras veces, ya que es fácil perder la orientación ahí
adentro y se podría salir con menos de lo que se entra –nada de caras de
turista y a aguantar los olores fétidos, que la expresión en el rostro no los
traicione.
Son 16 hectáreas de espacios abiertos, edificios ruinosos y parapetos, sin
una caminería. Adonde quiera que se vea, hay una venta ambulante de algo. Se
dice que en ese mercado se puede conseguir de todo y más económico, eso sí, con
dinero en efectivo porque en ese lugar la informalidad tiene su máxima
expresión. Así que, sin efectivo, no tiene mucho sentido ir a ese lugar, a
menos que sea para ir a las carnicerías y las pescaderías, donde se puede
gastar medio sueldo mínimo integral en la compra de un kilogramo de carne, toda
una proeza.
El Mercado Mayor de Coche es un ejemplo de cómo funcionan verdaderamente
las cosas en Caracas y, por ende, en el país. En una economía
hiperinflacionaria donde la cadena de producción, distribución y
comercialización genera más dolores de cabeza que comodidades, se puede
eliminar de la ecuación al comerciante, e incluso al distribuidor si se cuenta
con el transporte, para vender directamente al público y quedarse con toda la
ganancia. El único problema de esto es que, si bien los precios son más bajos,
se sigue vendiendo a precios de comerciante, nada justo.
Pero la mayor impresión que posiblemente uno se lleva del mercado es la antigüedad
del mismo y la falta de atención de las autoridades en materia de seguridad e
infraestructura. Indudablemente tiene los espacios para convertirlo en un
complejo que albergue ordenadamente todos los ramos de comercialización de
alimentos y otras cosas más, con megaestructuras que permitan recibir toda la
producción nacional e internacional, pero en cambio solo hay recovecos putrefactos
y guaridas de indigentes y maleantes.

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